Stefano Giovannoni es una de las figuras más influyentes y reconocibles del diseño italiano contemporáneo. Arquitecto de formación y diseñador por vocación, ha construido una trayectoria marcada por la capacidad de transformar objetos cotidianos en piezas cargadas de personalidad, humor y atractivo emocional. Desde sus primeros años vinculados a la arquitectura radical italiana hasta sus colaboraciones con algunas de las marcas más importantes del mundo, su trabajo ha sabido combinar investigación cultural, intuición comercial y una mirada profundamente humana sobre el diseño.

Instalado en Milán desde finales de los años setenta, Giovannoni desarrolló un lenguaje propio donde la funcionalidad convive con lo lúdico, dando vida a productos que lograron trascender el universo del diseño para convertirse en verdaderos íconos de la cultura popular. Piezas como la familia Girotondo para Alessi, la serie Bombo para Magis o sus proyectos para Qeeboo reflejan una visión capaz de equilibrar innovación, accesibilidad y una estética inmediata que conecta con públicos muy diversos.

A lo largo de más de cuatro décadas, Giovannoni ha colaborado con firmas internacionales de sectores tan distintos como el mobiliario, la tecnología, la cocina, el baño y el diseño de interiores, consolidándose como uno de los creadores más prolíficos y versátiles de su generación. Su obra, presente en museos y colecciones de todo el mundo, explora constantemente la relación emocional entre las personas y los objetos, convirtiendo lo cotidiano en una experiencia más cercana, expresiva y memorable.

En esta entrevista para OcioHogar, Stefano Giovannoni reflexiona sobre su proceso creativo, la evolución del diseño italiano, el papel de la emoción en los objetos contemporáneos y los desafíos de crear productos capaces de conectar con las personas en un mundo cada vez más acelerado.

Entrevista a Stefano Giovannoni

¿Qué le llevó a convertirse en diseñador de productos y mobiliario para el hogar?

Diría que no fue una decisión lineal, sino casi una consecuencia natural. Siempre he sentido una atracción especial por los objetos, por la manera en que habitan nuestra vida cotidiana e influyen en nuestro comportamiento. Siempre me ha interesado entender cómo las cosas pueden ser no solo funcionales, sino también emocionales, capaces de crear un vínculo con quien las utiliza.

El diseño, especialmente el relacionado con el hogar, me ofreció precisamente ese espacio: trabajar con objetos aparentemente simples, pero profundamente ligados a la vida de las personas. Me fascina la idea de que un objeto doméstico pueda entrar en una dimensión casi afectiva, volverse familiar, reconocible e incluso “cómplice”.

En el fondo, creo que me convertí en diseñador porque quería dar forma a ese diálogo entre función e imaginación, entre industria y narrativa. Y el hogar es el lugar donde ese diálogo se vuelve más íntimo y directo.

¿Qué debe tener un diseño para convertirse en un éxito?

Creo que el éxito no es algo que pueda diseñarse de manera directa, sino más bien la consecuencia de un equilibrio logrado. Un objeto funciona realmente cuando consigue ser comprensible, casi inmediato, y al mismo tiempo incorpora una pequeña desviación, una sorpresa.

Para mí es fundamental que un diseño tenga una identidad fuerte, algo que lo haga reconocible sin necesidad de explicaciones. Pero esa identidad debe ir acompañada de una gran naturalidad: el objeto debe entrar en la vida de las personas sin esfuerzo, casi como si siempre hubiera existido.

Luego está el aspecto emocional, que a menudo es el decisivo. Los objetos exitosos son aquellos que consiguen crear una relación; no se limitan a resolver un problema, sino que añaden placer, empatía y, a veces, incluso ironía.

Por último, creo que es importante que un proyecto sea honesto respecto a su contexto industrial: debe poder producirse bien, ser accesible y dialogar con el mercado sin perder su calidad. Cuando todos estos elementos se alinean, puede surgir algo que las personas realmente eligen incorporar a su vida.

Blow Butaca, asiento individual especial para espacios exteriores
Blow Butaca, especial para espacios exteriores

El taburete Bombo para Magis se convirtió en uno de los productos de diseño más imitados. ¿Cuándo entendió que había creado una nueva tipología y no simplemente un producto exitoso?

Al principio no era consciente de ello en absoluto. Cuando diseño, nunca pienso en “inventar una tipología”, sino en resolver un problema de manera clara y, si es posible, también un poco sorprendente.

Con Bombo, el objetivo era trabajar sobre el arquetipo del taburete de bar, simplificándolo y haciéndolo más fluido, casi continuo. La idea del sistema de regulación a gas integrado en una forma tan limpia respondía a una necesidad real, pero al mismo tiempo introducía un lenguaje nuevo: más doméstico y menos técnico.

El momento en que entendí que estaba ocurriendo algo distinto llegó después, observando lo que sucedía a mi alrededor: las imitaciones, por supuesto, pero sobre todo el hecho de que aquella solución formal y tipológica comenzaba a ser adoptada y reinterpretada por muchos otros. Ahí comprendes que no solo has creado un objeto exitoso, sino que has abierto un camino.

En el fondo, una nueva tipología no la declara el diseñador: es el sistema quien la reconoce y el tiempo quien la confirma.

Entre todos los productos que ha diseñado, ¿Cuál le produce mayor satisfacción?

Es una pregunta difícil de responder de forma categórica, porque cada proyecto representa un momento, una investigación y una relación distinta. Más que un objeto concreto, me interesa el recorrido global y la coherencia de una determinada manera de pensar.

Dicho esto, hay algunos proyectos a los que estoy especialmente ligado porque marcaron etapas importantes: mi primer proyecto industrial, la bandeja Girotondo, que se convirtió en una familia de productos que batió todos los récords de ventas en la historia del diseño italiano, con más de 13 millones de piezas vendidas. Es un proyecto icónico, basado en una reflexión sobre la cultura figurativa dentro del imaginario popular, y una piedra angular del lenguaje visual y narrativo que más tarde caracterizó gran parte de mi trabajo.

También está Bombo, porque abrió una reflexión sobre una nueva tipología. O proyectos más “icónicos” y narrativos, donde el diseño se convierte casi en un personaje capaz de crear una relación más empática con las personas, como Lilliput, Merdolino, Rabbit Chair o Golden Brothers.

En general, sin embargo, la mayor satisfacción no proviene tanto del objeto en sí, sino del hecho de que algunos productos entren realmente en la vida cotidiana, sean utilizados, reconocidos e incluso reinterpretados. Cuando un objeto deja de ser solo tuyo y pasa a formar parte de un imaginario compartido, ocurre algo verdaderamente interesante.

Quizá, más que mirar hacia atrás, siempre tiendo a pensar en el próximo proyecto: es ahí donde realmente se concentra la energía.

¿De dónde surge su inspiración? ¿Dónde la encuentra?

La inspiración, tal como yo la entiendo, no es algo episódico ni misterioso: es más bien una condición continua, una manera de mirar el mundo. Proviene de mi formación, de lecturas de filósofos como Heidegger o Baudrillard, y de un conjunto de estímulos que se acumulan con el tiempo.

Observo mucho la vida cotidiana, los comportamientos y la forma en que las personas utilizan los objetos, muchas veces incluso de maneras inesperadas. Me interesa entender dónde existe una fricción, pero también dónde hay un potencial aún inexplorado. Al mismo tiempo, recurro a un imaginario más amplio: cultura pop, arte, memoria y objetos arquetípicos.

Lo que intento hacer es conectar todos esos niveles: por un lado la industria, la función y las limitaciones reales; por otro, una dimensión más narrativa y emocional. La inspiración nace precisamente en ese espacio intermedio, cuando algo concreto se encuentra con algo imaginario.

Macetero con luz Stone Fabricada en resina de polietileno por rotomoldeo
Macetero con luz Stone

¿Cómo es un día de trabajo en su vida?

No existe un día típico en sentido estricto, aunque sí hay ciertas constantes. Mi trabajo está compuesto por fases muy distintas entre sí: momentos de reflexión más solitaria, en los que intento enfocar una idea, y momentos de intercambio con el equipo o con las empresas, donde el proyecto adquiere una forma más concreta.

Normalmente el día comienza bastante temprano, con una fase más pausada en la que reorganizo prioridades e intento entender dónde concentrar la energía. Después llegan las reuniones, las revisiones de proyectos y el diálogo continuo con quienes se ocupan del desarrollo técnico y productivo.

Lo que me interesa es mantener una cierta continuidad de pensamiento: incluso cuando paso de un proyecto a otro, trato de no perder el hilo y de mantener activo ese nivel más intuitivo que muchas veces guía realmente las decisiones.

También existe una parte menos visible pero fundamental, hecha de observación y asimilación. Incluso fuera del estudio, en realidad, sigo trabajando: observo, registro y conecto ideas. Es una actividad que nunca se detiene del todo.

¿Cuál cree que será la pieza protagonista de esta temporada?

No creo demasiado en la idea de una “pieza protagonista” en sentido absoluto, como si cada temporada necesitara un objeto dominante. El diseño no funciona exactamente como la moda: tiene tiempos más largos y construye valor con el tiempo, no en la inmediatez.

Dicho esto, sí existen señales interesantes. Me parece que hoy hay una atención creciente hacia objetos capaces de combinar una fuerte identidad con cierta ligereza, también emocional. Productos menos estridentes, pero más capaces de relacionarse con las personas de manera natural.

Creo que las piezas que mejor funcionarán serán aquellas capaces de ser al mismo tiempo accesibles y con carácter, que no renuncien a una dimensión narrativa pero mantengan una función clara. Objetos que no intentan sorprender a toda costa, sino construir una presencia más sutil y duradera. Más que un único protagonista, veo una dirección: un diseño que vuelve a acercarse a las personas sin perder complejidad y evitando la excesiva espectacularización.

¿Cómo ve el futuro del diseño de mobiliario?

El diseño de mobiliario ya ha atravesado numerosas transformaciones y hoy se encuentra en una etapa en la que debe redefinir más su papel que su lenguaje. Los objetos tendrán que justificar su existencia y evitar convertirse simplemente en “presencia”.

Al mismo tiempo, creo que la dimensión emocional seguirá siendo fundamental. El hogar es un espacio cada vez más complejo e híbrido, y los objetos deben ser capaces de construir relaciones, no solo funciones. En ese sentido, el diseño seguirá teniendo un importante papel narrativo, aunque quizá más sutil y menos explícito.

En particular, con la llegada de la inteligencia artificial, pienso que el papel del diseñador —y, más en general, del creativo— se desplazará hacia otro nivel, probablemente más emprendedor y ligado a productos de nicho muy bien definidos.

Desde las colaboraciones icónicas con Alessi y Magis hasta la creación de Qeeboo, ¿En qué momento sintió la necesidad de dejar de diseñar para otros y construir un universo completamente propio?

Tuve la fortuna de trabajar con empresas como Alessi y Magis, lo que me permitió involucrarme directamente en la complejidad de las dinámicas empresariales: desde el desarrollo de producto hasta las previsiones de ventas, pasando por el marketing, la comunicación y la estrategia.

Por eso, en un determinado momento, después de haber diseñado prácticamente todo lo que un diseñador podía diseñar, el mayor desafío fue crear mi propia marca. Así nació Qeeboo en 2016, que recientemente celebró su primera década.

Más que dejar de diseñar para otros, fue una ampliación de mi papel: no solo diseñador, sino también autor y director de un sistema más completo, donde los objetos pueden dialogar entre sí para construir un universo coherente.

¿Con quién le gustaría trabajar?

Más que pensar en un nombre “icónico”, me interesa trabajar con personas o proyectos que tengan una verdadera identidad creativa y una cierta libertad de pensamiento. Lo que hace interesante una colaboración no es tanto el prestigio, sino la posibilidad de construir un diálogo auténtico, incluso inesperado.

Sin duda, la tecnología ofrece hoy a los objetos nuevas posibilidades, permitiendo prestaciones cada vez más sofisticadas. Nuevas aplicaciones de nuestro imaginario permiten dotar a los objetos de una sensorialidad inédita, transformando nuestra relación con aquello que nos rodea. La tecnología hace al objeto más humano, y no al contrario.

Si no hubiera sido diseñador, habría sido…

Es difícil decirlo con certeza, porque nunca he vivido realmente “fuera” del diseño. Pero creo que, de cualquier manera, habría permanecido dentro de un ámbito relacionado con la construcción de imaginarios y objetos.

Tal vez habría sido arquitecto, o me habría dedicado a algo más cercano al arte o a la escenografía. Me interesa profundamente todo aquello relacionado con la capacidad de dar forma a una idea en el espacio, de construir un lenguaje visual y narrativo.

En realidad, más que imaginar una profesión distinta, imagino una variación de la misma actitud: observar, interpretar y transformar la realidad en algo legible y, si es posible, también un poco sorprendente.

Para conocerle mejor

Un color: El verde, porque me transmite una sensación de profundidad y complejidad propia de la naturaleza.

Un material: El policarbonato, porque es democrático, maleable y sorprendentemente poético cuando se utiliza bien.

Un diseñador que admira: Ettore Sottsass, por su capacidad de unir ironía, cultura y libertad expresiva.

Una pieza que le inspira: La Sacco, porque cambió la manera de pensar la relación entre el cuerpo y el objeto.

Su rincón favorito de la casa: La cocina, donde se prepara y se comparte la comida, pero también el verdadero centro vital del hogar.

Un lugar donde vivir: Un barco bien equipado.

Descubre artículos diseñados por Stefano Giovannoni en nuestro catálogo

Transcripción de la entrevista original en italiano

Cosa l’ha portata a diventare designer di prodotti/mobili per la casa?

Direi che non è stata una scelta lineare, ma quasi una conseguenza naturale. Ho sempre avuto un’attrazione per gli oggetti, per il modo in cui abitano la nostra quotidianità e influenzano il nostro comportamento. mi è sempre interessato capire come le cose potessero essere non solo funzionali, ma anche emotive, capaci di creare una relazione con chi le usa.

Il design, soprattutto quello legato alla casa, mi ha dato proprio questo spazio: lavorare su oggetti apparentemente semplici ma in realtà profondamente legati alla vita delle persone. Mi affascina l’idea che un oggetto domestico possa entrare in una dimensione quasi affettiva, diventare familiare, riconoscibile, persino “complice”.

In fondo, credo di essere diventato designer perché volevo dare forma a questo dialogo tra funzione e immaginazione, tra industria e racconto. E la casa è il luogo dove questo dialogo diventa più intimo e diretto.

Cosa deve avere un design per trasformarsi in un successo?

Credo che il successo non sia qualcosa che si possa progettare in modo diretto, ma piuttosto una conseguenza di un equilibrio riuscito. Un oggetto funziona davvero quando riesce a essere comprensibile, quasi immediato, e allo stesso tempo portatore di un piccolo scarto, di una sorpresa.

Per me è fondamentale che un design abbia una forte identità, qualcosa che lo renda riconoscibile senza bisogno di spiegazioni. Ma questa identità deve essere accompagnata da una grande naturalezza: l’oggetto deve entrare nella vita delle persone senza sforzo, quasi come se fosse sempre esistito.

Poi c’è un aspetto emotivo, che spesso è quello decisivo. Gli oggetti di successo sono quelli che riescono a creare una relazione, che non si limitano a risolvere un problema ma aggiungono un livello di piacere, di empatia, a volte anche di ironia.

Infine, credo sia importante che un progetto sia onesto rispetto al contesto industriale: deve essere realizzabile bene, accessibile, capace di dialogare con il mercato senza perdere la propria qualità. Quando tutti questi elementi si allineano, allora può nascere qualcosa che le persone scelgono davvero di far entrare nella propria vita.

Lo sgabello Bombo per Magis è diventato uno dei prodotti di design più imitati della contemporaneità. In quale momento ha capito di aver creato una nuova tipologia e non semplicemente un prodotto di successo?

All’inizio non ne ero affatto consapevole. Quando progetto, non penso mai di “inventare una tipologia”, ma di risolvere un problema in modo chiaro e, possibilmente, anche un po’ sorprendente.

Con il Bombo il punto era lavorare sull’archetipo dello sgabello da bar, semplificandolo e rendendolo più fluido, quasi continuo. L’idea della regolazione a gas integrata in una forma così pulita era qualcosa che rispondeva a un’esigenza reale, ma allo stesso tempo introduceva un linguaggio nuovo, più domestico, meno tecnico.

Il momento in cui ho capito che stava succedendo qualcosa di diverso è stato dopo, osservando quello che accadeva intorno: le imitazioni, certo, ma soprattutto il fatto che quella soluzione formale e tipologica veniva adottata e reinterpretata da molti. Lì capisci che non hai fatto solo un oggetto riuscito, ma che hai aperto una strada.

In fondo, una nuova tipologia non la dichiari tu: è il sistema che la riconosce, è il tempo che la conferma.

Tra tutti i prodotti che ha progettato, quale la rende più soddisfatto?

È una domanda a cui è difficile rispondere in modo netto, perché ogni progetto rappresenta un
momento, una ricerca, una relazione diversa. Più che un singolo oggetto, mi interessa il percorso
complessivo, la coerenza di un certo modo di pensare.

Detto questo, ci sono alcuni progetti a cui sono particolarmente legato perché hanno segnato dei
passaggi importanti: il primo progetto industriale, il vassoio Girotondo, che è diventato una
famiglia che ha battuto tutti i record di vendita nella storia del design italiano con oltre 13 milioni
di pezzi venduti. È un progetto iconico, basato su una riflessione sulla cultura figurativa all’interno
dell’immaginario popolare, una pietra miliare per il linguaggio figurativo e narrativo che ha poi
caratterizzato il mio lavoro e connotato la gran parte dei prodotti che gli sono succeduti.

Ma, anche Il Bombo, perché ha aperto una riflessione su una nuova tipologia. Oppure i progetti più
“iconici” e narrativi, dove il design diventa quasi un personaggio, capace di creare una relazione
più empatica con le persone (Lilliput, Merdolino, Rabbit Chair, Golden Brothers).

In generale, però, la soddisfazione più grande non viene tanto dall’oggetto in sé, quanto dal fatto
che alcuni prodotti entrano davvero nella vita quotidiana, vengono usati, riconosciuti, a volte anche
reinterpretati. Quando un oggetto smette di essere solo tuo e diventa parte di un immaginario
condiviso, lì succede qualcosa di interessante. Forse, più che guardare indietro, tendo sempre a pensare al prossimo progetto: è lì che si concentra davvero l’energia.

Da cosa trae ispirazione? Dove trova l’ispirazione?

L’ispirazione, per come la vedo io, non è qualcosa di episodico o misterioso: è più una condizione continua, un modo di guardare le cose deriva dal mio background, dalle letture di filosofi come Heidegger o Baudrillard, da un insieme di stimoli che si accumulano nel tempo.

Osservo molto la quotidianità, i comportamenti, il modo in cui le persone usano gli oggetti, spesso anche in modo imprevisto. Mi interessa capire dove c’è una frizione, ma anche dove c’è un potenziale inesplorato. Allo stesso tempo, attingo a un immaginario più ampio: cultura pop, arte, memoria, oggetti archetipi.

Quello che cerco di fare è mettere in relazione questi livelli diversi: da una parte l’industria, la funzione, i vincoli reali; dall’altra una dimensione più narrativa, quasi emotiva. L’ispirazione nasce proprio in questo spazio intermedio, quando qualcosa di concreto incontra qualcosa di immaginario.

Com’è una giornata di lavoro nella sua vita?

Non esiste una giornata tipo in senso rigido, ma ci sono delle costanti. Il mio lavoro è fatto di fasi
molto diverse tra loro: momenti di riflessione più solitaria, in cui cerco di mettere a fuoco un’idea,
e momenti di confronto con il team o con le aziende, dove il progetto prende forma in modo più
concreto.

Di solito la giornata inizia abbastanza presto, con una parte più “lenta”, in cui riorganizzo le
priorità e cerco di capire dove concentrare l’energia. Poi entrano in gioco le riunioni, le revisioni
dei progetti, il dialogo continuo con chi si occupa dello sviluppo tecnico o produttivo.

Quello che mi interessa è mantenere una certa continuità di pensiero: anche quando passo da un
progetto all’altro, cerco di non perdere il filo, di tenere attivo quel livello più intuitivo che spesso è
quello che guida davvero le scelte.

C’è anche una parte meno visibile ma fondamentale, che è fatta di osservazione, di assimilo. Anche
fuori dallo studio, in realtà, continuo a lavorare: guardo, registro, collego. È un’attività che non si
interrompe mai del tutto.

Quale pensa sarà il pezzo protagonista di questa stagione?

Non credo molto all’idea del “pezzo protagonista” in senso assoluto, come se ogni stagione dovesse avere un oggetto dominante. Il design non funziona esattamente come la moda: ha tempi più lunghi, e soprattutto costruisce valore nel tempo, non nell’immediato.

Detto questo, ci sono sempre dei segnali interessanti. Mi sembra che oggi ci sia una crescente attenzione verso oggetti che riescono a combinare una forte identità con una certa leggerezza, anche emotiva. Prodotti meno gridati, ma più capaci di entrare in relazione con le persone in modo naturale.

Penso che i pezzi che funzioneranno di più saranno quelli che riescono a essere al tempo stesso
accessibili e caratterizzati, che non rinunciano a una dimensione narrativa ma restano molto chiari
nella funzione. Oggetti che non cercano di stupire a tutti i costi, ma che costruiscono una presenza
più sottile, più duratura.

In fondo, più che un singolo protagonista, vedo una direzione: un design che torna a essere vicino
alle persone, senza perdere complessità ma evitando l’eccesso di spettacolarizzazione.

Come vede il futuro del design di arredamento?

Il design di arredamento ha già attraversato molte trasformazioni, e oggi si trova in una fase in cui deve ridefinire il proprio ruolo, più che il proprio linguaggio, gli oggetti dovranno giustificare la loro esistenza, evitare di essere semplicemente “presenza”.

Allo stesso tempo, penso che continuerà a essere fondamentale la dimensione emotiva. La casa è uno spazio sempre più complesso, ibrido, e gli oggetti devono saper costruire relazioni, non solo funzioni. In questo senso, il design avrà ancora un ruolo narrativo importante, ma forse più sottile, meno esplicito.

In particolare, con l’avvento dell’intelligenza artificiale, penso che il ruolo del designer, ma più in generale, del creativo, si trasferirà ad un livello diverso, probabilmente più imprenditoriale e legato ad un prodotto di nicchia molto ben definito.

Dalle collaborazioni iconiche con Alessi e Magis fino alla creazione di Qeeboo, in quale momento ha sentito il bisogno di smettere di progettare per altri e costruire un universo completamente suo?

Ho avuto la fortuna, lavorando con aziende come Alessi e Magis, di essere coinvolto direttamente nella complessità delle pratiche aziendali: dallo sviluppo prodotto alle previsioni di vendita, dal marketing alla comunicazione e alla strategia.

Per questo, ad un certo punto, dopo aver disegnato tutto quello che un designer poteva disegnare, la sfida più grande è stata quella di creare il mio brand, così nel 2016 nasce Qeeboo, che ha appena celebrato il primo decennio

Più che smettere di progettare per altri, è stato un ampliamento del mio ruolo. Non solo designer, ma anche autore e regista di un sistema più completo, dove gli oggetti possono dialogare tra loro per costruire un universo coerente.

 Con chi le piacerebbe lavorare?

Più che pensare a un nome “iconico”, mi interessa lavorare con persone o realtà che abbiano una vera identità progettuale e una certa libertà di pensiero. La cosa che rende una collaborazione interessante non è tanto il prestigio, quanto la possibilità di costruire un dialogo reale, anche un po’ inaspettato.

Senz’altro la tecnologia offre agli oggetti possibilità nuove che consentono performances sempre più sofisticate.

Nuove applicazioni del nostro immaginario consentono di caratterizzare gli oggetti con una sensorialità nuova cambiando la nostra relazione con gli oggetti che ci circondano. La tecnologia rende l’oggetto più umano e non viceversa

Se non fosse stato designer, sarebbe stato…

Difficile dirlo con certezza, perché non ho mai vissuto davvero “fuori” dal design. Però credo che, in ogni caso, sarei rimasto dentro un’area legata alla costruzione di immaginari e di oggetti.

Forse avrei fatto l’architetto, oppure qualcosa di più vicino al mondo dell’arte o della scenografia. Mi interessa molto tutto ciò che ha a che fare con la capacità di dare forma a un’idea nello spazio, di costruire un linguaggio visivo e narrativo.

In realtà, più che una professione diversa, immagino una declinazione diversa dello stesso atteggiamento: osservare, interpretare, trasformare la realtà in qualcosa di leggibile e, possibilmente, anche un po’ sorprendente.

Per conoscerla meglio:

Un colore: Il verde, perché mi da un senso di profondità/complessità tipica della natura

Un materiale: Il policarbonato, perché è democratico, malleabile, sorprendentemente poetico se usato bene

Un designer che ammira: Ettore Sottsass, per la capacità di unire ironia, cultura e libertà espressiva

Un pezzo che la ispira: la Sacco, perché ha cambiato il modo di pensare il rapporto tra corpo e oggetto

Il suo angolo preferito della casa: La cucina, dove si prepara e si consuma il cibo, ma anche il centro vitale della casa

Un luogo in cui vivere: Una barca ben attrezzata