Lorenza Bozzoli, diseñadora de productos y mobiliario.
Lorenza Bozzoli es una de las figuras más singulares del diseño italiano contemporáneo. Formada en la Academia de Bellas Artes de Brera, comenzó su trayectoria profesional en el mundo de la moda tras trasladarse a Nueva York, donde desarrolló sus primeros diseños de calzado y accesorios. A su regreso a Milán, trabajó con Elio Fiorucci y colaboró con firmas como Basile, Camper, Sergio Rossi y Plein Sud. Aquella experiencia dejó una huella permanente en su manera de proyectar: una mirada atenta al color, los materiales, las tendencias y, sobre todo, a la capacidad de los objetos para despertar deseo antes incluso de revelar su función.
Desde mediados de los años noventa, Bozzoli orientó su carrera hacia el diseño industrial y construyó un lenguaje propio en el que la moda, el arte y el diseño conviven de manera natural. Sus piezas se distinguen por la mezcla de estilos, el cuidado de las superficies, la expresividad cromática y una teatralidad que transforma muebles, lámparas y accesorios en verdaderas presencias dentro del espacio. A lo largo de su trayectoria ha colaborado con marcas internacionales como Alessi, Moooi, DEDON, Slamp, Slide, Natuzzi, Pomellato, Tato Italia, Mingardo y Colè, además de crear Lorenza Bozzoli Couture, su propia firma de accesorios de interior inspirados en la artesanía y la alta costura.
Su obra demuestra que la funcionalidad no tiene por qué estar reñida con la emoción, la sorpresa o la personalidad. Proyectos como la silla Fedro para DEDON, la colección de lámparas La Lollo para Slamp o la familia de mobiliario Mara para Slide reflejan una visión que evita la neutralidad y busca establecer una relación más cercana entre las personas y los objetos. En esta entrevista para OcioHogar, Lorenza Bozzoli reflexiona sobre su paso de la moda al diseño, el origen imprevisible de la inspiración, la importancia de crear piezas con carácter y un futuro en el que la autenticidad, la materia y la imperfección volverán a ocupar un lugar central.
Entrevista a Lorenza Bozzoli
¿Qué la llevó a convertirse en diseñadora de productos y mobiliario para el hogar?
No creo haber elegido el diseño de manera consciente. Siempre he coleccionado imágenes, objetos, tejidos y atmósferas. Primero, la moda me dio una herramienta para transformar esos intereses en proyectos; después, el diseño me permitió trabajar con una mayor libertad. Me interesa crear objetos que tengan vida propia, casi como personajes capaces de habitar un espacio.
¿Qué debe tener un proyecto de diseño para convertirse en un éxito?
Debe sorprender sin hacer ruido. Los objetos que realmente funcionan son aquellos que al principio parecen extraños, pero que, poco después, ya no puedes imaginarte sin ellos. No creo demasiado en las fórmulas del éxito; creo en la capacidad de un proyecto para crear un vínculo emocional.

Su carrera comenzó en el mundo de la moda y luego se orientó hacia el diseño industrial, pero, dentro de su filosofía, estos dos universos continúan profundamente conectados. Cuando diseña una pieza de mobiliario o iluminación, ¿qué permanece de esa mirada vinculada con la moda: el color, la teatralidad, la relación con el cuerpo o la capacidad de captar el espíritu del presente?
Quizás, la seducción. La moda me enseñó que, antes de ser comprendido, un objeto debe ser deseado. Me interesa la dimensión teatral del diseño, su capacidad para crear presencia. Incluso una lámpara o un sillón pueden tener el carisma de un personaje que entra en escena.
De todos los productos que ha diseñado, ¿cuál es el que le produce una mayor satisfacción?
Aquellos que me sorprenden cuando vuelvo a encontrarlos después de varios años. Es una sensación muy particular: ver cómo un proyecto continúa viviendo independientemente de ti. En ese momento comprendes que el objeto ha adquirido autonomía propia.

¿De dónde obtiene la inspiración? ¿Dónde encuentra la inspiración?
La inspiración es una palabra que siempre me genera cierta dificultad. La encuentro en las cosas que no estoy buscando. Me gusta observar, recopilar imágenes, objetos y sugerencias, y dejar que se asienten. Casi nunca parto de una fuente concreta: el proyecto nace del encuentro entre experiencias diferentes, recuerdos, intuiciones y una buena dosis de curiosidad. Nace de la realidad, no de una burbuja creativa.
¿Cómo es un día de trabajo en su vida?
Mis días son bastante caóticos y nunca se parecen a lo que había planificado. Hay llamadas telefónicas, reuniones, viajes, inspecciones, muestras que evaluar y problemas que resolver. La parte creativa no necesariamente ocupa las horas más tranquilas: muchas veces, una idea llega mientras estoy haciendo algo completamente diferente. He aprendido que diseñar también significa dejar espacio para los imprevistos.
Su método se caracteriza por una mezcla de estilos y por la colaboración entre la estética y las formas de uso. ¿Le interesa especialmente ese punto en el que un objeto deja de ser solamente “correcto” o “útil” para convertirse también en una pieza con una actitud propia?
Los objetos perfectamente correctos suelen aburrirme. Me interesa esa pequeña desviación que los hace reconocibles, que introduce una sorpresa o una emoción. Es allí donde un producto deja de ser solamente útil y comienza a tener personalidad.
¿Cuál cree que será la pieza protagonista de esta temporada?
Creo que el verdadero protagonista será el regreso del carácter. Después de años de minimalismo y uniformidad, percibo un deseo creciente de objetos más expresivos, capaces de aportar personalidad a los interiores. No necesariamente más decoración, sino más identidad.

¿Cómo ve el futuro del diseño de mobiliario?
Paradójicamente, creo que el futuro será menos perfecto. Veo un interés creciente por los objetos que muestran una historia, un proceso de elaboración e, incluso, cierta imperfección. En un mundo cada vez más digital, las personas buscan autenticidad, materia y presencia física. El diseño también deberá responder a esta necesidad.
¿Con quién le gustaría trabajar?
Continúan atrayéndome las colaboraciones que me sorprenden. Después de tantos años de trabajo, lo que me interesa no es tanto el prestigio de una marca como la posibilidad de desarrollar ideas que todavía no he explorado. La curiosidad sigue siendo el motor más importante.
A lo largo de los años he comprendido que las colaboraciones más exitosas no dependen solamente del proyecto, sino también de la calidad del diálogo que se genera. Para expresarse verdaderamente, la creatividad necesita un entorno de alegría y confianza mutua. Esa es la condición que busco en cada colaboración.
Si no hubiera sido diseñadora, habría sido…
No lo sé, y quizás ese sea precisamente el punto. Nunca he planificado demasiado mi recorrido. Muchas de las cosas más interesantes que me han sucedido nacieron de desvíos inesperados, por lo que cualquier respuesta sería una invención.
Para conocerla mejor:
Un color: Todos
Un material: Todos
Un diseñador al que admira: Todos aquellos que han sabido encontrar una voz propia
Una pieza que la inspire: Me inspiran más las cosas que han tenido una vida que los íconos
Su rincón preferido de la casa: Mi estudio
Un lugar donde vivir: Milán, con la libertad de viajar con frecuencia
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Transcripción de la entrevista original en italiano
Cosa L’ha portata a diventare designer di prodotti e arredi per la casa?
Non credo di aver scelto il design in modo consapevole. Ho sempre collezionato immagini, oggetti, tessuti, atmosfere. Prima la moda mi ha dato uno strumento per trasformare questi interessi in progetti, poi il design mi ha permesso di
lavorare con una libertà maggiore. Mi interessa creare oggetti che abbiano una vita propria, quasi dei personaggi capaci di abitare uno spazio.
Cosa deve avere un progetto di design per trasformarsi in un successo?
Deve sorprendere senza fare rumore. Gli oggetti che funzionano davvero sono quelli che all’inizio sembrano strani, ma dopo poco non riesci più a immaginarti senza di loro. Non credo molto alle formule del successo; credo alla capacità di un progetto di creare un legame emotivo.
La Sua carriera è iniziata nel mondo della moda e si è poi spostata verso il design industriale, ma nella Sua filosofia questi due mondi restano profondamente connessi. Quando progetta un pezzo di arredamento o illuminazione, che cosa rimane di quello sguardo legato alla moda: il colore, la teatralità, il rapporto con il corpo o la capacità di cogliere lo spirito del presente?
Forse la seduzione. La moda mi ha insegnato che prima di essere compreso un oggetto deve essere desiderato. Mi interessa la dimensione teatrale del design, la sua capacità di creare presenza. Anche una lampada o una poltrona possono avere il carisma di un personaggio che entra in scena.
Tra tutti i prodotti che ha progettato, quale La rende più soddisfatta?
Quelli che mi sorprendono quando li incontro dopo anni. È una sensazione molto particolare: vedere un progetto continuare a vivere indipendentemente da te. In quel momento capisci che l’oggetto ha acquisito una sua autonomia.
Da cosa trae ispirazione? Dove trova l’ispirazione?
L’ispirazione è una parola che mi mette sempre un po’ in difficoltà la trovo nelle cose che non sto cercando. Mi piace osservare, raccogliere immagini, oggetti, suggestioni e lasciarle sedimentare. Non parto quasi mai da una fonte precisa: il progetto nasce dall’incontro tra esperienze diverse, ricordi, intuizioni e una buona dose di curiosità, nasce nella realtà, non in una bolla creativa.
Com’è una giornata di lavoro nella Sua vita?
Le mie giornate sono abbastanza caotiche e non assomigliano mai a quelle che avevo programmato. Ci sono telefonate, incontri, viaggi, sopralluoghi, campioni da valutare e problemi da risolvere. La parte creativa non occupa necessariamente le ore più tranquille: spesso un’idea arriva mentre sto facendo tutt’altro. Ho imparato che progettare significa anche lasciare spazio agli imprevisti.
Il Suo metodo parla di una mescolanza di stili e di una collaborazione tra estetica e modi d’uso. Le interessa particolarmente quel punto in cui un oggetto smette di essere soltanto “corretto” o “utile” per diventare anche un pezzo con un’attitudine propria?
Gli oggetti perfettamente corretti spesso mi annoiano. Mi interessa quel piccolo scarto che li rende riconoscibili, che introduce una sorpresa o un’emozione. È lì che un prodotto smette di essere soltanto utile e comincia ad avere una personalità.
Quale pensa sarà il pezzo protagonista di questa stagione?
Credo che il vero protagonista sarà il ritorno del carattere. Dopo anni di minimalismo e uniformità, vedo un crescente desiderio di oggetti più espressivi, capaci di portare personalità negli interni. Non necessariamente più decorazione, ma più identità.
Come vede il futuro del design dell’arredamento?
Paradossalmente credo che il futuro sarà meno perfetto. Vedo crescere l’interesse per gli oggetti che mostrano una storia, una lavorazione, persino una certa imperfezione. In un mondo sempre più digitale, le persone cercano autenticità, materia e presenza fisica. Il design dovrà rispondere anche a questo bisogno.
Con chi Le piacerebbe lavorare?
Continuo a essere attratta dalle collaborazioni che mi sorprendono. Dopo anni di lavoro, ciò che mi interessa non è tanto il prestigio di un marchio quanto la possibilità di sviluppare idee che non ho ancora esplorato. La curiosità resta il motore più importante. Nel corso degli anni ho capito che le collaborazioni più riuscite non dipendono solo dal progetto, ma dalla qualità del dialogo che si crea. La creatività, per esprimersi davvero, presuppone un ambiente di gioia e fiducia reciproca. È questa la condizione che cerco in ogni collaborazione.
Se non fosse stata designer, sarebbe stata…
Non lo so, e forse è proprio questo il punto. Non ho mai programmato troppo il mio percorso. Molte delle cose più interessanti che mi sono successe sono nate da deviazioni impreviste, quindi qualsiasi risposta sarebbe un’invenzione.
Per conoscerLa meglio:
Un colore: Tutti
Un materiale: Tutti
Un designer che ammira: Tutti quelli che hanno saputo trovare una voce personale
Un pezzo che La ispira: Mi ispirano più le cose che hanno vissuto che le icone
Il Suo angolo preferito della casa: Il mio studio
Un luogo in cui vivere: Milano. Con la libertà di partire spesso



