Boti de Dominicis Studio es un equipo creativo fundado en Barcelona en 2021, especializado en diseño industrial y mobiliario. Detrás del estudio están Andrea y Albert, quienes, tras compartir varios años de trabajo en el mismo equipo, decidieron unir su experiencia y visión para dar vida a su propio proyecto. Con formaciones complementarias —Andrea en la Università degli Studi di Firenze y Albert en EINA, Barcelona—, el estudio combina una sólida base técnica con una mirada creativa que les permite abordar cada proyecto con rigor y flexibilidad.
Su trabajo se distingue por una estética refinada, siempre en diálogo con las capacidades industriales y tecnológicas de cada empresa con la que colaboran. En esa búsqueda constante, Boti de Dominicis pone el foco en encontrar el equilibrio entre emoción y funcionalidad, creando productos coherentes, atemporales y con vocación de convertirse en piezas icónicas.
Hoy, el estudio colabora con empresas de distintos sectores, generando sinergias que enriquecen cada proyecto en un contexto en permanente evolución. En 2025, su trayectoria fue reconocida internacionalmente al recibir el prestigioso NYCxDESIGN Award por su proyecto de luminaria exterior TIK.
Entrevista a Boti de Dominicis Studio
¿Qué los llevó a convertirse en diseñadores?
Albert: De alguna manera la curiosidad de cómo estaban hechas las cosas, y a su vez, cómo funcionaban. El “por qué” del objeto. Por qué funciona, por qué está hecho así.
También debido a que el dibujo era algo muy presente siempre en mi infancia. Se me daba bien, por lo que era algo natural, ir a algo que tuviera una parte creativa y otra parte de razonamiento.
Andrea: Desde muy pequeño pasaba horas dibujando. Mi compañero inseparable era un cuaderno de diseño y una caja llena de colores y rotuladores que llevaba conmigo a todas partes. Tuve la suerte de contar con conocidos y amigos de la familia con mucho talento para el dibujo, que alimentaron esa pasión y me enseñaron muchísimo.
Después llegó la etapa de la cinta adhesiva y el cartón, con los que creaba todo tipo de objetos extraños que acababan repartidos por toda la casa.
Siempre fui un niño muy curioso. Esa curiosidad me llevó, con los años, a preguntarme cómo estaban hechos los productos y objetos que me rodeaban. Pasaba tardes enteras desmontándolos y volviéndolos a montar.
Así que, cuando tenía 13 o 14 años y llegó el momento de decidir a qué escuela ir, no tuve muchas dudas sobre lo que quería hacer en el futuro.
Su estudio nació de la colaboración entre dos diseñadores de orígenes diferentes. ¿Cómo influyó esa combinación en la identidad del estudio?
Albert: Nos conocimos trabajando juntos en un despacho, éramos básicamente nosotros y el fundador del estudio, por lo que ya nos conocimos diseñando y proyectando. La idea de hacer nuestro estudio apareció en ese contexto, por lo que la transición fue muy natural. Fue un benchmark casual que sirvió para integrarnos mejor en la forma de pensar y proyectar.
Andrea: Es cierto que Albert y yo tenemos backgrounds bastante distintos. Casi toda mi formación tuvo lugar en Italia. Estudié cinco años en una escuela de arte y posteriormente estudié diseño industrial dentro de la facultad de arquitectura.
Por su parte, Albert se formó aquí en Barcelona con un tipo de formación obviamente distinta a la mía. Cada uno desarrolló sus propios conocimientos, puntos de vista, enfoques y metodologías a lo largo del tiempo, que evidentemente difieren entre sí. Y, probablemente, fueron precisamente esas diferencias las que nos acercaron, generando una gran curiosidad e interés mutuo por la forma de trabajar del otro.
Por eso nos gusta decir que nos complementamos. Esta complementariedad se refleja en cada proyecto que abordamos, donde el aporte de cada uno resulta esencial y especialmente valioso.
A pesar de las diferencias, Albert y yo compartimos los mismos valores en el diseño, una visión común y una profunda pasión por nuestro trabajo. Esto nos permite alinear los proyectos en una misma dirección, algo fundamental para el buen funcionamiento y la armonía del estudio.

¿Qué tiene que tener un diseño para convertirse en un éxito?
Albert: Pues si fuera sencillo de saber, todos los diseños serían un éxito. Yo creo que depende del tipo de objeto, el momento social, su tiempo. Hay 2 fases, a mi entender, el primer éxito, el que permite que el objeto funcione a nivel comercial, lo que permitirá que tenga más opciones de perdurar su ciclo vital. Y ahí entraría una segunda fase, que se convierta en un icono, y ya sería imperecedero.
Hay productos que nacen iconos, pero no suelen durar mucho, o transicionan a otras evoluciones, para seguir existiendo. Los que perduran, son los objetos silenciosos, maduros, sensatos. Esos pueden llegar a ser un éxito. Entendiendo “éxito” como “continuidad de venta en el tiempo”.
Andrea: Creo que el éxito de un producto depende de la combinación de varios factores. Entre ellos, destaca un componente estético-emocional que lo vuelve especialmente atractivo, único e innovador; es decir, un producto capaz de despertar en las personas ese impulso inmediato de decir “lo quiero” apenas lo ven o lo tocan.
La tecnología juega también un rol fundamental sobre todo hoy en día. Un producto innovador tecnológicamente siempre marca la diferencia y un antes y un después en el mercado abriendo nuevos caminos y posibilidades hasta ese momento inexplorados. Las empresas más visionarias, más dinámicas, con más recursos y con más capacidad de adaptación, serán las más capaces de crear productos de éxito.
Luego hay otro factor muy importante que es la funcionalidad del producto. Un producto muy bonito pero que no es capaz de cumplir con su función o que cumple sólo en parte, será siempre un producto incompleto y destinado al fracaso en mi opinión.
Por eso el éxito depende del equilibrio y la armonía entre estos diferentes factores. A todo esto se suma el precio, que tiene que estar bien ajustado: competitivo para el mercado, coherente con el valor que ofrece y viable para la empresa. Y seguramente el instrumento mejor que tenemos para medir el éxito de un producto es el tiempo, cuanto más tiempo un producto perdure en el mercado es una clara señal que has diseñado un buen producto.
De todos los productos que han diseñado, ¿De cuál se sienten más satisfechos?
Albert: Nuestra trayectoria personal como estudio todavía es corta, pero para mí sería la colección TIK para Estiluz.
Andrea: La verdad es que le tengo un cariño especial a todos los productos que hemos diseñado, pero si tuviera que elegir uno, diría Cupolina para Estiluz.
Por un lado, por su significado cultural y personal. El elemento principal de la colección es una pequeña cúpula, inspirada en la arquitectura renacentista. Se trata de un elemento icónico en la historia del arte, especialmente en Florencia, una ciudad en la que viví durante varios años. De alguna manera, esta colección es también un pequeño homenaje a esa etapa y a ese contexto.
Y desde un punto de vista más pragmático y terrenal, creo que hicimos un gran trabajo junto con el departamento técnico de la empresa creando una colección muy amplia y completa optimizando los recursos y sabiendo dar una personalidad fuerte y distinta a cada versión de la familia. El resultado es una colección que destaca por su simplicidad, elegancia y versatilidad.
El año pasado su diseño TIK, desarrollado para Estiluz, recibió el NYCxDESIGN Award 2025 en la categoría Outdoor Products, un reconocimiento importante dentro del diseño internacional. ¿Qué decisión de diseño creen que fue la más determinante para que el producto destacara en un contexto tan competitivo?
Albert: Su expresividad, su carácter sintético y, a la vez, emocional. Son tubos que se intersectan, pero son precisamente esas intersecciones, la curva que surge y sus proporciones —que llevaron mucho tiempo definir— lo que le da a la colección esa presencia. No pretende ser complaciente. Simplemente es ella misma.
Andrea: Fue una sorpresa muy bonita recibir un reconocimiento tan importante con la colección TIK. Creo que lo que más se valoró, y lo que llevó al producto a ganar el premio, fue su aparente simplicidad, que en realidad esconde una serie de detalles muy cuidados que hacen que la colección sea única.
A partir de un elemento tan sencillo y recurrente como el tubo, conseguimos crear una colección muy rica y dinámica que habla un lenguaje totalmente nuevo. Esto se debe a todo un juego muy preciso de intersecciones y proporciones, que al final se convierten en el alma del proyecto.
Diría que ese equilibrio sutil entre brutalismo, sensualidad y rigor geométrico es lo que le da a la colección ese carácter y personalidad tan especial y radical. Y creo que fue justamente eso que conectó con la gente y que hizo que la colección destaque frente a otras propuestas.

¿En qué se inspiran? ¿Dónde encuentran la inspiración?
Albert: En ir pensando y fijándome en los productos, espacios, volúmenes, objetos, soluciones constructivas. Cualquier cosa puede ser un punto de inspiración, pero desde luego, en ir trabajando y madurando las ideas. Dotándolas de profundidad y valor.
No hay un método ni un estado que propicie la inspiración. Digamos que la inspiración nos rodea, pero no siempre la sabemos ver o interpretar. A veces, necesitamos inspirarnos para una idea general, otras para aportar una solución técnica o constructiva, eso es lo que vas buscando en cada momento. Y a veces aparecen interferencias, cuando estás centrado en algo, ese mismo algo te traslada a otra idea para otro producto.
Andrea: Pueden ser muchas las cosas que nos inspiran para la creación de un nuevo diseño. Realmente no hay una fórmula preestablecida o una fuente donde nos guste ir a inspirarnos. Cualquier cosa en cualquier instante puede ser el detonante de una idea o de un nuevo proyecto, lo que nos rodea, la naturaleza con sus formas orgánicas, el mundo industrial y sus productos, la pureza de las formas geométricas, la historia pasada, una experiencia, un material… Todo puede ser fuente de inspiración.
Estamos rodeados continuamente de todo tipo de estímulos y creo que nosotros, como diseñadores y creativos, tenemos esa capacidad de filtrar y reelaborar esos inputs que nos llegan y transformarlos en ideas que quizás al final se podrán convertir en productos concretos.
¿Cómo es un día de trabajo en su vida?
Albert: Pues bastante normal, no hay nada excepcional. Al final, diseñar y proyectar es un trabajo. Eso sí, en mi caso, no desconecto nunca del todo. Por lo que el trabajo siempre va pasando en un segundo plano, a veces es lo principal, o tareas más mecánicas, a veces son ideas o rumiaciones que vas haciendo a lo largo del día en distintos momentos.
Andrea: La verdad que cada día puede ser bastante diferente. Hay días más focalizados en la búsqueda creativa, que es cuando las ideas empiezan a tomar forma, normalmente dibujando sobre papel y sucesivamente empezando a llevar estas ideas al mundo digital creando los primeros 3D. Y luego hay días dedicados a una fase más técnica, donde desarrollamos esos 3D iniciales más en profundidad y en detalle. Después hay una parte más manual, relacionada con la creación de prototipos, que es fundamental para ajustar medidas, proporciones y validar el diseño en físico. Y, por supuesto, hay días donde hay que dedicarle tiempo a reuniones con clientes y al seguimiento de los proyectos. En general, diría que son días bastante variados, que cambian mucho en función de la fase en la que se encuentre cada proyecto.
¿Cuál creen que va a ser la pieza de esta temporada?
Albert: No te sabría decir, porque tampoco creo que haya piezas de temporada.
Andrea: ¡No me quiero mojar! Vamos a ver el Salone de este año que sorpresas nos va a dar.
¿Cómo ven el futuro en el mundo del diseño de mobiliario?
Albert: Si hay algo que me ocupa mentalmente ahora es la IA y lo que pueda condicionar al trabajo creativo. El futuro del mundo del diseño de mobiliario irá ajustándose a las realidades industriales y de creación. No es ni bueno ni malo por sí mismo.
Pero se pueden prever ciertas opciones de realidad que no transmiten positivismo, pero simplemente puede que sea porque es algo que todavía está por definirse bien.
Andrea: Pues muy buena pregunta, que de hecho me la hago yo mismo casi cada día. Creo que es bastante difícil saber hacia dónde irá el sector, sobre todo porque la tecnología avanza a un ritmo muy acelerado, y en los últimos años aún más con la irrupción de la inteligencia artificial.
Nosotros somos de esa generación que empezó esta carrera con un lápiz en la mano y toda una serie de otras herramientas manuales en la otra, y acabamos la carrera sabiendo utilizar varios programas de modelado y renderización en 3D. Es decir, hemos vivido ese cambio de primera mano.
Durante todo este tiempo las empresas han tenido que evolucionar y estar al paso con las últimas tecnologías para poder seguir siendo líderes o simplemente sobrevivir. Los avances en los últimos 20 años han sido realmente impresionantes. La tecnología ha permitido diseñar y producir cosas que antes eran impensables. Y nuestro sector ha evolucionado muchísimo, tanto en procesos industriales como en materiales, componentes, formas de trabajar, entre otros. Sin embargo, a diferencia de otros sectores, ha seguido apostando por la componente humana y su valor añadido, encontrado un justo equilibrio entre industria, tecnología y labor manual, por lo menos hasta ahora.
Y nuestro trabajo como diseñadores y creativos sigue siendo de momento imprescindible. Y de cara al futuro, espero que siga siendo así: que continuemos aprovechando todo el potencial de las nuevas tecnologías sin prescindir de la «Inteligencia Humana» que, al final, es lo que da sentido, criterio y valor real al diseño.

¿Con quién les gustaría trabajar?
Albert: Pues la verdad es que me encantaría hacer un proyecto con la editora Karimuko New Standar, siempre me ha gustado.
Si no hubieran sido diseñadores, serían…
Albert: Creo que cocinero. Me gusta mucho la cocina y la alquimia que hay en ella. La veo como un mundo abierto de creación y precisión, en el que todo es posible, pero no de cualquier manera. Esto resuena mucho con cómo veo el mundo del diseño industrial.
Andrea: Siempre se me ha dado bien cocinar, y siempre he tenido esa pasión así creo que habría sido chef.
Para conocerlos mejor:
Un color
Albert: No tengo un color favorito
Andrea: Turquesa
Un material
Ambos: Madera
Un diseñador al que admire
Albert: Jasper Morrison
Andrea: Achille Castiglioni
Una pieza que le inspire
Albert: Pipe Chair
Andrea: La silla Wassily de Marcel Breuer
Su rincón favorito de la casa
Albert: El salón
Andrea: Mi butaca con mi lamparita en el salón en invierno y la terraza en verano
Un lugar donde vivir
Albert: En un entorno natural y tranquilo
Andrea: Alguna isla remota de Grecia
Descubre artículos diseñados por Boti de Dominicis Studio en nuestro catálogo.



